martes, 20 de noviembre de 2007

Esos versos son míos

Esos versos son míos. MIOS. Como la puta sangre que corre por mis venas. Son míos. Engendrados por mí. Producto de tardes interminables en un café espantoso y rosado que bautizamos el Bequeriano, por rosa y horrible. Enjendrados en domingos puros de malecón, de café, tristía y celo. Son nuestros, grandísimo hijodeputa. Nuestros. Son parte mía, de mi historia, de mi vida, de todo lo que significaste para mí. Del giro que le diste a mi percepción del mundo. De la manera en la que me craquelaste el cerebro. Estos versos son el fruto de una única noche. Fría. Hijos de la piedra y el agua clara, grandísimo capullo. De nadie más. De nadie más. Conociste a tu mujer poco después de que yo a mis quince años te dejara, estúpida y certera. Estúpida porque me ayudé con un tipo que pasó por ahí. Nunca te engañé. Lo sabes. Certera porque no estaba lista. Porque te hubiera sido infiel. Porque estaba enferma de pena y autodestrucción. Porque faltaba más Cuzco para mí. Tu no tenías veintitres, tenías diecinueve. Y la cabeza ya cubierta de canas. Entonces la conociste. Nuestros versos ya estaban escritos. Q bien por uds. Y se amaron. Fantástico.

¡Pero no puedes publicar a los cuatro vientos que esos versos son inspirados en ella! ¡No puedes!Escritos para ella.... ¡No!

Son Míos. Míos. Como es mío mi sudor, mis lágrimas. Míos como todas las tardes muertas, desbarrancadas. Míos en sangre y tiempo. Míos como todos mis desaciertos. No dije nada cuando ví que le habías dedicado el libro. Lo guardé bajo mi poncho y lo abracé fuerte, lo amoldé a mi. Guardé un dolor profundo mientras me regresaba en mi combi sabiendo que lo merecía, que merecía ese dolor. No había tenido valor. No había creído en mí. Y ella te abrazó. Y a tus versos huérfanos. Estuvo bien. La bendije. Y a tí. Y sin embargo ella siempre me ha odiado, nunca ha querido que siguieramos siendo amigos. No seas egoísta, chola. Comparte al maestro. Gilipollas.

Esos versos son míos, como el silencio de nuestros pasos en los caminos de piedra. Como la certeza que nos acompaña cuando nos encontramos en esquinas de sueños, en calles desiertas... Es mi aliento en tu boca un día...

No te pases... esos versos son míos.

3 comentarios:

regina reinadecapitada dijo...

ya fue ya

ya no creo en los "para siempre"


ya fue

K. dijo...

Para siempre no existe ni medio minuto.
Pero la palabra- cuando es buena- perdura, trasciende.

No existe la eternidad, ni la pretendo.

Sólo quiero mi poesía.

K. dijo...

Pueden quitarte la ilusión, la certeza, o la esperanza.
Pero nadie podrá quitarte nunca tu propio- y único- pasado.

Esos versos son míos!!!
ajjaja