domingo, 5 de octubre de 2008

Ricardo Fernández me regaló un secreto

La última vez que ví a Ricardo Fernández estabamos grabando en Audiopost -la casa de audio donde hicimos Mi Novela Favorita- el primer capítulo de la serie, El Quijote de la Mancha. Mr. Enrique Victoria era, naturalmente, el Quijote, y don Ricardo el Narrador. El Narrador, con mayúscula. Ser el narrador es sumamente interesante, por varias razones. En primer lugar, por que el ser el narrador tal vez tenga menos glamour que ser el protagonista, pero es el que más lee, así que es el que más gana. En segundo lugar porque ser el narrador te pone en la situación de ser el que te pinta el cuadro, como cierto Kojudopolitano dijo, el que te arma la escenografía auditiva. Es un gran reto como actor, que te permite jugar a ser el fantasma, a ser música, bruma. Muy entretenido. Esa mañana eramos varios una barbaridad de actores en el estudio. El Quijote, mil historias, mil personajes... Alonso A. escuchaba cada toma en silencio fuera de la cabina, redescubriendo poco a poco el arte de la radio novela. Nunca antes lo habíamos hecho, y las posibilidades con la tecnología digital no tenían nada que ver con el radio teatro que se hizo algún día. Lo que era una bendición y un desafío. A veces alzaba la mano en gesto entre de árbitro futbolístico y de director de orquesta, con los ojos cerrados porque seguía intentando escuchar la toma, cuando los actores que no estábamos dentro de la cabina nos entregábamos a la cháchara o el chascarrillo, cosa corriente en nuestra profesión, actividades que nos relajan y unen. Poco a poco fuimos comprendiendo el timing entre silencio y entusiasmo. Me imagino cómo habrá sido pasar por el corredor en Audiopost, y escuchar las grabaciones. Un silencio profundo. Uno , dos o tres actores hablándo y luego del corte de la toma, una fiesta, una reunión o un pequeño estadio. Nos citaban y generalmente acertaban de forma sospechosamente precisa con los tiempos. Pero ese día era la primera vez, nunca antes habíamos hecho algo como eso, éramos tal vez 18 actores en una sala chica y la gente entraba de a dos , de a tres, o de a doce a la cabina, y los otros esperaban afuera su turno, entusiasmados, un poco como deben sentirse los futbolistas cuando esperan la pelota en la cancha. Hacíamos primero una lectura, se aclaraban las dudas con una muy breve charla en la que actor y director se entienden y se graba.
Esa mañana mi inmensa fortuna hizo que me hicieran compartir micro con Ricardo. Casi todos llegábamos a tener audífonos, pero no había tanto espacio para tantos actores, y a veces compartíamos micros. El micro que usaba Ricardo, por ser el del narrador y el de don Ricardo, era uno de los mejores micros, sino el mejor. Así que triple suerte.
Triple, por que yo ya había conocido a Ricardo antes, durante la filmación de una novela. Al inicio - yo tenía 21 años- no entendía muy bien qué hacía el señor de los detectilocos haciendo novelas. Lo entendí en breve.
Le digo Ricardo por su nombre de pila porque así me pidió él que hiciera, pero la verdad hasta ahora cuando lo recuerdo me provoca decirle don Ricardo. Su pelito blanco, su mirada clara y acuosa, sus silencios. Su manera de andar. Pero si le decías don Ricardo te salía rápidamente con alguna cosa que te destruía de risa, como para recordarte y recordarse a sí mismo que él era un Cómico, lo que en nuestra profesión es un poco ser el Guerrero que Combate la Pena. Y la acaba, pero siempre se lleva algo de él.

*

Esa mañana era la primera del Quijote. Yo sólo grabaría esa mañana. Al día siguiente tendrían otra sesión, siempre con Ricardo y Enrique, pero en escenas con otros actores. Después de los nervios, la risa, las indicaciones y la sorpresa, comenzamos a grabar. Y después de ver que no desentonaba lo que estaba yo haciendo- qué susto-, me relajé un poco más y comencé a escuchar mejor a los supercolegas con los que estaba compartiendo cabina. Recuerdo que estaba Mario Velásquez y toda su humanidad, espontaneidad y carisma. Bruno Odar y su garganta de las Mil Voces Verosímiles. Wendy Vásquez y su voz profunda, clara y verdadera. Enrique Victoria y toda su creatividad, genialidad, experiencia, locura y libertad. Y Ricardo Fernández con su...
Qué tenía Ricardo?! Qué era, que no podía dejar de escucharlo... parecía tan sencillo lo que hacía y a la vez algo me decía que habrían pocas cosas tan difíciles de hacer, como la que él estaba haciendo en ese momento. Algo estaba haciendo, pero en algún lugar no estaba actuando. Tal vez es el personaje, pensé. El hecho de ser narrador hace que tengas que ser neutral, y sí, en esa ocasión más o menos por allí iba la cosa. Pero había algo en su voz. Un hilo de oro que me permitía verlo todo en mi propia pantalla, como un filtro único, particular, muy humano, cálido, bellísimo.
Cómo haces eso? Le pregunto. Qué cosa? Me pregunta él. Eso que haces, le expliqué. El sonrió. Hay que escuchar, me dijo. Pero a quién?, le pregunto, Tu no actúas con nadie, tu estás jugando sólo. Y entonces me lo dijo, Tienes que escuchar a toda la gente. A todas esas personas que te estarán oyendo. * . Algo sucedió entonces en mi cerebro. Me imaginé multitudes como captadas por una toma aérea, como las del Señor de los Anillos en sus guerras. La cámara corrió como un halcón o como un rayo a travez de todo el país, de toda su geografía. Me imaginé a la gente en la selva, sentada en su canoa escuchando la radio. A la gente en la puna alta, los pastores, los mineros escuchando la radio.
Todas y cada una de las personas.
Me dió vértigo y casi me desmayo, en esa época todavía no lo sabía pero ya estaba en cinta. Fue muy emocionante. Se lo conté. El, que me conocía, sonrió. Y seguimos hablando de eso algunos segundos más, luego tuvimos que hacer silencio para terminar la toma. Después salimos a escucharla. Quedó bien. Tuvimos sanguchitos y cocacola . Y quedamos en vernos la semana siguiente, para grabar la próxima novela que, naturalmente, no recuerdo cuál fue. Ese secreto fue el último regalo de Ricardo. La semana siguiente ya no pudo ir a grabar, porque ya no estaba más en ningún sitio en esta tierra.
*
Eter.
Silencio.
Secreto suspendido en la ionósfera.
Gravitando
entre
satélites.
*

16 comentarios:

luis alberto pascual dijo...

me gusta sobremanera la forma como describes lo que vives, me gusta, seguiré leyendo con inquieta expectativa...

NEO dijo...

Que suerte haber conocido a Ricardo Fernandez, lástima que nos dejó

Raulín Raulón... dijo...

Necesitaba una crónica así para sacarlo de la cabina, o de la escena, o del villano de Los Gusanosaurios (me gustaba más que Los Detectilocos).

Supongo que le pondré una voz así a mi mentalés.

K. dijo...

Luis Alberto, bienvenido y muchas gracias por tu cyberapoyo...Neo, bienvenido también... si pues, hay cosas a las que uno no se acostumbra nunca... Raulín, bienvenido a Kojudópolis... que lindo q te haya servido el post para segui imaginando.
Abrazos a los tres y bienvenidos de nuevo.
K.

peregrino dijo...

Escuchar es el mejor regalo que uno le puede hacer a otro ser humano.

Nos leemos.

K. dijo...

Si Mr. Pere...creo que es uno de los mejores de lejos. Kojudopolitans, les gusta el nuevo encabezado? Estamos en búsqueda.
Abrazos,
K.

Rafael dijo...

Bonita anecdota con el Maestro Ricardo Fernandez.

Ya tengo los CD-ROM de Don Quijote y Cumbres Borrascosas.

Caramelo de Uva dijo...

He visualizado mientras leia "Hay que escuchar"; se dibuja los rostros de las personas, sus gestos... todo.

Juan sin tierra dijo...

Hello alcaldesa de Kojudópolis...
Una vez dijiste q el mejor premio es el del público y don Ricardo Fernández lo tenía muy en cuenta...Un rey no sería rey sin los súbditos, un actor se debe también al público...
Qué hermoso testimonio, preciosa K. y q afortunada por haber conocido a un gran maestro. Gracias por compartir esta experiencia con todos los citadinos de esta polis...
Hasta otro día, bokita'ecaramelo

icps86 dijo...

Kareen, ahora leo tu blog. Te dejé otro mensaje por ahi... me gusta como respondes a cada persona que te postea, ojala hagas lo mismo conmigo. Saludos

te amo

ignacio

tupac amaru rosa dijo...

Miss K, qué paja tener tan buen recuerdo y secreto de don Ricardo Fernández, ese maravilloso actor hizo lo suyo hasta el final. Por cierto hay otra miss que me encanta: hablemissjulia.blogspot.com
Actriz también, ustedes se pasan.

Rodrigo Benza Guerra dijo...

mi querida Meré, muchas gracias por eso que has escrito, tú sabes que nunca espero menos de ti. Un beso grande, como aquellos.

K. dijo...

Rafael, Juan, Y Prostivedette, son lo máximo... mi papá está viendo Texas Ranger y no m deja escribir hoy...es muy divertido burlarme (con infinito amor y respeto) ampliamente de lo que ve... Es casi un deporte...gracias por su komment y bienvenidos Icps86,túpac Amaru Rosa, Caramelo de Uva, es un honor para mí nombrarlos Kojudopolitans militantes.
Abrazos,
K Ranger.

K. dijo...

La verdad, nos burlamos juntos...pero el además disfruta de su movie..!jijixxxzxz

José Antonio Galloso dijo...

Hermoso texto sobre el señor Fernández. Recuerdo que vivía por mi barrio. Siempre lo veía tan serio cuando pasaba por ahí. Me loqueaba ver al tío tan cómico en la tele, su chapa celebre era "el cabeza de foco", y luego tan serio en la bodega de la esquina. Sin embargo, siempre me transmitía una energía bacán.

saludos

noseasloco dijo...

Escuchar, escuchar y siempre escuchar.... aunque a veces no se puede, con TANTO ruido citadino...

me gustó eso de "Bruno Odar y su garganta de las Mil Voces Verosímiles", nada más cierto!!

saludos!!