viernes, 18 de septiembre de 2009

Semana de Estreno

Es verdad que te dan pesadillas. Que te tiemblan las piernas. Que te dá una suerte de pánico y que se te puede soltar el estómago, agarrotar el cuerpo, ir la voz, olvidar la letra. Semanas antes del estreno puedes tener transtornos de sueño, pánico, cuadros de angustia, etc.
También es muy probable que te sabotees. Supongo que después de mi hijita ya no me permito ser la Gran Autosaboteadora que siempre fuí. Después de todo, a ella lo único que debe tocarla es la calma y la alegría. Y necesito hacer dinero para llevarla a Disney. Así que vea Ud. como maneja su estreno.
Ahora es distinto. Me conozco mucho mejor. O tal vez sólo me doy menos espacio conciente para engañarme. Así que la semana de estreno es esto: Dormir, pasar letra, dormir, ajustar el personaje y las escenas, dormir, comer, dormir, amar, dormir, dormir, dormir y soñar con la obra. Encima, no permito que nada interno me afecte. ¿Quedan cosas por hacer? Lo vemos luego del estreno. ¿Autocríticas que generan ansiedad? Lo vemos después del estreno. ¿Paltas mayores en general? Están allí hace rato, así que las retomaremos cuando pase el estreno. El Estreno. La Marea.
Es una suerte de tiempo de tregua conmigo misma, que me genera un estado ultrarelajado. Habría quién piense que eso puede no ser positivo para ejercer un arte que necesita una buena dosis de dinamita. Pero yo sé que he sido muy insegura, ansiosa, y demás. Así que, la verdad, este estado ultrarelajado es un colchón intelecto-emocional, una suerte de concentración ociosa que me mantiene focalizada en el trabajo y me prepara para el momento inevitable: El enfrentamiento, el confrontamiento con el público.
Entonces sí: El momento inevitable. Te vestiste, te preparaste y allí, en la oscuridad del apagón entras a tu lugar en el escenario. Como un fantasma. Como un ladrón. Y luego, sucede: La luz. Se encienden las luces y allí estás tú, y tus compañeros y el gran Público. Público. Gente que paga por soñar, pero que justo por eso no se traga cualquier fantasía. Y entonces es como si nosotros estuvieramos en un barco y el público en tierra firme, y suceden los primeros segundos, y es inevitable, estamos allí flotando, invitando con todas nuestras artes a la gente a subirse con nosotros al galeón, a la canoa, al transatlántico y nos vayamos de aventura. Al ensueño. Al Mar de adentro.
Pero hay unos segundos, cuando escuchas el murmullo de la gente en sus butacas, cuando apagan la luz, cuando la encienden por primera vez... que te puede dar todo junto -pánico y pichi, parálisis e hiperventilación-, y entonces lo único que a mí me salva es saber que dormí, que me relajé todo lo que pude, que me sé mi letra en cada escena, que ensayé todo, cada caída, cada giro, cada cambio de vestuario, que estuve temprano y me fuí muy tarde y es eso, eso, lo que me da el derecho, el deber, de disfrutar. De gozar a lo grande el presente, en esta antigua fiesta que tan claro me recuerda que somos polvo, aliento, arrollo, chispa.
Luego lo mismo cada vez que te toca entrar a escena, hasta que te vas acostumbrando a la temporada. Los actores viejos, dicen que cuando dejas de sentir eso, es porque estás muerto.
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Algo que es hermoso es ver las escenas de tus colegas entre las patas- esas telas negras o huecos de la escenografía desde donde se vé el escenario-, escuchar la música de las escenas, verlos hacer lo suyo iluminados por una luz que desde ya te remite al recuerdo...
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Y después de todo esto, caminar, caminar 15, 20 cuadras. Sentir la noche, la libertad del viento después de la caja negra.
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Lindo barco. Lindo, lindo viaje.

7 comentarios:

Cosas de un distraido dijo...

Caminar, caminar, caminar, casi siempre eso lo resuelve todo, y es cierto, a veces toda esa voragine de sensaciones, la espectativa, la ansiedad, solo evidencia q se esta vivo, y valiente tu chica, q te enfrentas vez tras vez al desconocido de mil cabezas.

Mr. jeje dijo...

¡Qué lindo! No hay nada mejor que sentirse con derecho a disfrutar de lo que queda del día después de una buena función.

Terapeuta Indigo dijo...

ya kiero ver esa obra!

K. dijo...

Graxias!
Besos,
K.

Anónimo dijo...

Jean L. Barrault temblaba antes de entrar en escena y así fue hasta el fin de su vida. Pero ya en el tablado, el miedo desaparecía y él se convertía en el gigante de la escena que figura en los libros.

Alonso Alegría dijo...

Precioso, preciso, bien escrito, emocionante, como siempre. Esta chica Kareen tiene talento.

Aioria90 dijo...

Y está muy srt!
Saludos