miércoles, 15 de julio de 2009

Estación Soledad

Estoy parada frente a la sección tintes de cabello en el Plaza Vea de San Isidro. Casi voy al Wong, Deben tener más colores, pienso, Wong siempre ha sido más surtido, pero hoy no, no hoy. Por alguna razón que va en contradicción directa con los intereses de mi cabello parqueo en el Plaza Vea. Debe ser porque tiene luces más tenues.
Estoy parada frente a la sección tintes de cabello del Plaza Vea de San Isidro. Montones de mujeres guapas, de edades incalculables me saludan desde sus ventanitas de cartón. Así apiladas una sobre otra parecen seducirme desde algún edificio de departamentos sobrepoblado, o desde las vitrinas de algún barrio rosa entre Europa y Disneylandia. Tengo en la mano un chisguete de restauración total- efecto inmediato de Dove. Un resucitador de pelo. De fondo pasan esta canción de Mecano que habla de las palomas al viento, mujer contra mujer. Algo me dolió en el alma desde que entré al establecimiento y no sabía que era. Era esto. Esta canción. Qué me recuerda, pienso. No recuerdo. Llega entonces. Un antiguo amor. Pero no era a él a quién me recuerda. Me recuerda a su hermana mayor. Le habían roto el corazón, su novia no había aceptado la presión social de la Lima de hace 20 años y la abandonó. Eran lesbianas. El recuerdo me atravezó el alma. De pronto estaba ahí parada como quien espera el metro, en esta suerte de andén del cabello, apretando mi chisguete de salvación, a punto de morir , atravezada, muerta de pena. Con tantas ganas, tantas, de llorar allí mismo, no de salir corriendo, sencillamente de dejar correr este mar, este océano que estoy conteniendo, dejarlo libre, salir por olas, dejarlo libre como las palomas esas de las que habla la canción que me las imagino quién sabe porqué gaviotas, volando tan lindo, al raz del suelo, a la orilla del mar.
Atravezada por esta lanza que a la vez que me mata me sostiene y me inmoviliza, me doy cuenta de que sería conveniente comenzar a circular y a actuar normal porque he detectado a una señorita vestida de civil parada a unos prudentes dos metros mío que me observa insistentemente. El tiempo que tiene allí parada, la miradita, el mal gusto de la tenida, la elección inverosímil de los artículos escogidos que de forma incómoda carga entre sus manos, me revelan en un parpadeo que seguridad ya vino a verme. Siempre me pasa. Y más absorta me siento, peor es. Supongo que los deprimidos serán los que más roban. A mí siempre me vienen a marcar. No se por qué. Me gusta pensar que vienen porque me reconocen de alguna novela de hace ocho años. Ja.
Estoy parada frente a la sección tintes de cabello en el Plaza Vea de San Isidro, completamente compungida, emocionada, acontecida, tocada, inmóvil, con ojos de catarata del Niágara en pause. Mi cuerpo entero, aunque erguido, está todo afectado, consternado, descompuesto, profundamente herido por un daño imperceptible. No me puedo mover. En lenguaje de bailarinas diríamos que estoy en torción emocional. ¿Cuándo se acaba esta canción? Parada frente a la sección de tintes me siento de pronto en una estación de metro subterránea, metálica. Estoy parada en el andén. Un viento fuerte viene de donde llegará el metro. Pasará el tren. Sé que pasará el tren. Podré subir. O podré esperar. Qué hago aquí. Estoy parada otra vez aquí. Recuerdo este lugar. Estación Soledad. Recuerdo este lugar. Pero lejos, como en sueños. Otra vez acá. Veo tu tren partir. Me veo desde adentro de él, desdoblada. Aún espero en la estación. No puedo tomar tu tren pero quisiera. Pero no puedo. Pero quisiera. Me quedo allí mirandote con mi cara de no te olvides de mí y por favor vuelve a recogerme. Y sabemos que puedes no volver. Y que un día puedo yo ya no estar. Pero por ahora, por ahora no. Estaré. Estoy. He juntado todas las cajitas de los tintes de cabello de todos los cambios de color que me he hecho desde que no estamos. Las he juntado, las he pegado con mucho cariño e ingenio y me hecho- mira- este suelo, esta estera. No puedo, lo siento, por ahora irme a casa. Necesito quedarme aquí un rato. Necesito quedarme aquí a esperar. A dormir. A esperar. A esperar que vuelvas. A verte bajar del metro, confundido entre la gente, contento. Con tus flores. Con tus flores. Tú que siempre me traes flores. Con tus flores. Tengo que esperar aquí no tengo frío no tengo hambre no tengo no tengo pasan los días no importa llegarás estarás aparecerás materializado corpóreo no serás un sueño y yo estaré fea y sucia y canosa y con los dientes amarillentos y más flaca pero contenta contenta tan contenta. Sólo espero que me reconozcas. No le vayas a dar las flores a otra.
Sé donde estoy. Estoy en el Plaza Vea de San Isidro parada frente a la sección tintes de cabello. No estoy alucinada. Se donde estoy. Sé que la señorita no se ha movido de sus muy astutos dos metros de prudente distancia. Sé que me está mirando. Es sólo que prefiero quedarme aquí. Quedarme un rato aquí. Aprieto mi chisguete restaurador de cabello que es en realidad un transportador emocional secreto. Basta una apachurradita y ya estoy de nuevo en la estación de metro. Pero ya no estoy parada en el andén. Estoy caminando por los túneles, buscando la salida. El viento en la cara. En el pelo. Entre los dedos. Entre. Sé que afuera brilla el sol es verano. Es París. No sé si estás o no estás caminando a mi lado. Alguien camina a mi lado. Prefiero en mi ensueño no saber. Sé que estoy parada en el Plaza Vea de San Isidro, nunca vengo aquí, parada frente a los tintes de cabello, frente a las damas de la ilusión que me saludan mentirosas. Y tú no estás. Así que prefiero no estar. Prefiero no saber. Prefiero cerrar los ojos y no evitar sentir.

El viento.

13 comentarios:

Guillermo dijo...

Yo no soy el que espera en el auto
O el que te quiere como quieren los humanos
O las ratas
Yo no soy el que te lame la mano
Como cualquier clérigo o proxeneta
Soy Lola para tí y para tu nada
El que abusa de tí
Sodomía
Ablución
Soy la parte de tu vagina que no ha visto tu madre
Soy el magna de la vida y de la roca
Soy tesis y poesía
Delirio y tormento
Soy lo que nunca serás
Porque nunca fuiste lo que siempre no eras
Soy lo que más disgustas de la vida
Aberración
Estupro

O si quieres
Seré la puta de la calle que se caga en la acera
Eso seré Lola
Vida mía que se cae a pedazos.

Lola, ahora que te has ido
Ahora que has partido y no huelo ya tu axila
Hoy que mi vida es la vida de un ido
Mayor de edad e imbecil
Hoy te quiero más Lola
Caparazón de caracol
Legaña de búho.

Terapeuta Indigo dijo...

te amo kareen.

Alonso Alegría dijo...

Como siempre, bellamente escrito y totalmente verdadero. Admirable y memorable y envidiable. Besos.

Aioria90 dijo...

El monólogo para un corto cinematográfico. Felicitaciones otra vez, Aioria90.

K. dijo...

Ay Legañita de buho...qué bonito estuvo eso. Muchas gracias.
K.

K. dijo...

Aioria, Alonsito
Muchas gracias, gracias por venir por aquí.
Muchos abrazos, K.

K. dijo...

Yo también TQM, índigo oceánico.
K.

Teresa dijo...

Mostro artículo. Sobre la soledad y el no estar como pez en el agua?

Oye K no te pintes el pelo, el químico es super fuerte y daña el medio ambiente. Además que no lo necesitas, tienes lindo pelo. Sea cual sea el color.

Cesar dijo...

Muy inteligente, muy sensible, muuuuy chévere.

Sid dijo...

Vaya, no sabia que en un centro comercial podía pasar todo eso.

Brillante K.

maga dijo...

Primera vez que paso por aquí... me gustó el post. Estuvo mostro.

El Chico Nube dijo...

Por tu culpa hoy mi casa estará llena de transportadores.

No importa.

Daphne dijo...

el otro día fui a comprar tinte de pelo, mi paso fue mucho más rápido que el tuyo, no recuerdo ninguna canción, sólo la desesperación por que mi pelo quede naranja!! y no me ligó quedó marrón casi guinda, "tintes de mierda" (pensé)


creo q en vea siempre es así, se pasan la voz por radio, todos atentos a lo que una pueda hacer... "robarse un cuadradito de queso invitado!!"


jajajjaa


un beso!